La Tecnología y las Preguntas Fundamentales de la Existencia Humana

La tecnología ha transformado profundamente la manera en que abordamos las preguntas fundamentales de la existencia. En tiempos pasados, cuestiones como «¿Quiénes somos?», «¿De dónde venimos?», «¿Cuál es el propósito de la vida?» y «¿Qué hay después de la muerte?» se exploraban principalmente desde la filosofía y la religión. Hoy, avances en inteligencia artificial, neurociencia, biotecnología y exploración espacial han ampliado los horizontes de nuestra comprensión.

Nuestra identidad ya no está definida solo por nuestra biografía o entorno físico. La digitalización ha extendido nuestra existencia a redes sociales, avatares y bases de datos. La inteligencia artificial puede crear representaciones nuestras que continúan «viviendo» después de la muerte. En este contexto, la pregunta «¿Quién soy?» adquiere una dimensión múltiple, donde el yo digital y el yo biológico pueden diferir significativamente.

La exploración espacial y la astrobiología han replanteado la pregunta «¿De dónde venimos?». Misiones como las de Marte y el telescopio James Webb buscan rastros de vida en otros planetas. Si la vida surgiera en distintos lugares del universo, esto podría redefinir nuestro concepto de unicidad y excepción en el cosmos.

Por otro lado, la inteligencia artificial está impulsando un nuevo debate: si la conciencia puede surgir de algoritmos, ¿es la humanidad solo una máquina biológica sofisticada?

El avance de la automatización y la IA plantea interrogantes sobre el sentido de la vida en un mundo donde las máquinas pueden realizar tareas que antes eran exclusivamente humanas. La creatividad y la conexión emocional parecen ser ámbitos que las máquinas aún no han conquistado completamente. Sin embargo, si una IA llegara a desarrollar una forma de autoconciencia, ¿qué la diferenciaría de los humanos en términos de propósito?

Con la llegada del metaverso y la realidad virtual, la línea entre lo real y lo digital se ha vuelto borrosa. Algunos teóricos sugieren que podríamos estar viviendo en una simulación creada por una inteligencia superior. Si esto fuera cierto, ¿la realidad objetiva existe o solo experimentamos una representación programada?

Las innovaciones en biotecnología han abierto caminos hacia la prolongación de la vida e incluso la inmortalidad digital. Empresas trabajan en la transferencia de conciencia a sistemas computacionales, permitiendo que una «versión» de nosotros mismos continúe existiendo después de la muerte biológica. Sin embargo, ¿una copia de nuestra conciencia es realmente «nosotros» o solo una imitación?

Además, la percepción de trascendencia sigue siendo un elemento esencial en la búsqueda de significado. La experiencia artística y la meditación pueden ofrecer instantes de conexión con lo inefable, proporcionando una dimensión que trasciende el tiempo y la materia.

Las preguntas fundamentales de la existencia han evolucionado con la tecnología, ampliando sus significados y generando nuevas incertidumbres. Quizás la clave no esté en encontrar respuestas absolutas, sino en aprender a navegar en un universo donde la ciencia, la filosofía y el arte continúan expandiendo los límites de lo posible. En última instancia, la trascendencia podría no depender de la duración de la existencia, sino de la profundidad con la que la experimentamos.

Créditos: Este ensayo surge de un proceso de diálogo entre Diego Urquijo con inteligencia artificial, en el marco de una indagación sobre la identidad, la conciencia y la trascendencia en la era tecnológica.