A través de acciones mínimas, respiraciones, desplazamientos lentos y la intervención de capas digitales, el cuerpo no se impone al entorno: dialoga, se fractura y finalmente se disuelve en él. El paisaje deja de ser un fondo para asumirse como un cuerpo vivo que observa, guarda y transforma la presencia humana.

La obra propone una experiencia liminal, no narrativa, donde el cuerpo funciona como umbral: un espacio poroso atravesado por fuerzas naturales, tecnológicas y simbólicas. No hay principio ni cierre definitivo, solo estados de aparición, fractura, memoria y reconfiguración.

Cuerpo Umbral invita al espectador a habitar ese tránsito y a preguntarse por la relación entre cuerpo, territorio y permanencia en un mundo en constante transformación.